Parte 24 – El final

Evelyn se enfrenta a una vida dura y llena de sufrimiento. Abandonada por sus amigos y por la sociedad, decide pedir ayuda a un viejo amigo por correspondencia cuando su maltratador padre decide subastarla.

Cuando la ayuda se presenta a última hora resulta aparecer bajo la forma de un siniestro y torturado Conde con el rostro y el cuerpo quemado en un terrible accidente.

¿Será ese hombre la ayuda que Evelyn necesita? o cometerá el peor error de su vida al aceptar todas sus condiciones.

Pulsa para leer a continuación la vigésimo cuarta y última parte.

Todo el castillo sonaba extrañamente hueco. Se habían encendido todas las chimeneas para intentar calentar el castillo, aunque todo había sido inútil. Tras la última tormenta del verano, un fuerte y gélido viento del norte había calado en cada rincón de Baley.

El juicio había sido desgarrador, con las pruebas presentadas, siete mujeres y trece hombres habían sido condenados a trabajos forzados de por vida, se había dictado orden de búsqueda y captura contra la partera, presunta cabecilla del clan anti-brujería, ya que no se había hallado su cuerpo. Y se había procedido a llevar a la horca a dos mujeres y un hombre que se negaron a arrepentirse de sus terribles actos e, incluso, habían pedido la muerte inmediata de los dos vástagos de la bruja.
Evelyn esperaba en su cuarto ante la mesa de ajedrez, dispuesta para su habitual partida nocturna.
Durante aquellas semanas tan complicadas Gabriel y ella no habían tenido tiempo para ellos. Los meses anteriores todo se había ido complicando y deteriorando en su relación y ella no deseaba mandar al traste todos los esfuerzos de ambos por lograr una buena relación marital.

—Buenas noches, querida —anunció Gabriel entrando en el cuarto con su habitual pijama y máscara de lienzo.
—Te has retrasado ¿dónde estabas?— respondió ligeramente cansada.
—Benwell me trajo unos documentos para firmar de inmediato, quería marcharse esta misma noche con un caballo.
—¿Benwell va a salir a caballo en plena noche?¿Y no podía esperar al desayuno?¿qué era tan importante?
—Los documentos de Evie y Paul —Afirmó Gabriel sentándose en la mesa y desanudando la máscara.
—Ah —La cara de Evelyn se descompuso ante la idea de enviarlos a un orfanato— El pobre debe estar deseando que los niños se marchen del castillo y yo comience a comportarme como una verdadera condesa.
—Ni te lo imaginas —Negó Gabriel— Benwell al fin encontró a los padres de Sun.

El peón blanco cayó de la mano de Evelyn bloqueada por el pánico.

—¿QUÉ? ¿pretende enviar a esos niños con un hombre que desfiguró a su madre? ¡En qué demonios piensa ese viejo demonio!
—Tranquila, Evelyn —la apaciguó Gabriel dejando la máscara a un lado y masajeando tranquilamente su cara quemada— Benwell no está intentando que los niños se marchen.
—¿Entonces?¿por qué está buscando Benwell a los abuelos? —preguntó desconcertada
—Verás, Los niños están registrados a nombre de Karl y Sun, Benwell estuvo consultando con los abogados qué opciones tendrían al salir de aquí y, descubrió, que los orfanatos buscarían a su familia viva y les obligarían a acogerlos. —Evelyn abrió mucho los ojos boquiabierta— Tienen sus propios apellidos y sus abuelos viven así que no habría manera de evitar que los enviasen allí ni tampoco podemos adoptarlos. Aún así, Benwell habló con un hermano que es jurista y encontró un modo de que los niños se quedasen con nosotros.
—¿Le pediste a Benwell que buscase el modo de que los niños se quedasen?
—Te aseguro que no tenía ni idea de lo que hacía ese hombre hasta hace una hora que me pidió que le firmase una autorización de acogida.
—¿Acogida?
—Si los abuelos nos firman una autorización cediendo sus derechos como tutores a nosotros, los padrinos de los niños, será como si fuesen nuestros. Podremos legalmente tratarlos como tutores, no podemos pasarles el título, pero podrán quedarse con las tierras, podremos enviarlos a buenos colegios, a la universidad… podremos presentar a Evie en sociedad para arreglarle un buen matrimonio…

Evelyn se quedó totalmente bloqueada ante las nuevas noticias.

—Creo que no lo he entendido bien, Gabriel —consiguió articular ella— me estás diciendo que Benwell ha buscado el modo de que los niños no se vayan de aquí.
—No sólo que no se vayan, sino que legalmente seamos sus tutores… —afirmó Gabriel— ya… ya sé que no es como ser sus padres de verdad, pero te aseguro que no notarás diferencia. Contrataremos las mejores institutrices y les enviaremos a buenos colegios. No podrán ser condes, pero podrán vivir una vida acomodada.
—Pero… pero —Evelyn lloraba y reía a la vez— ¿Desde cuando habéis urdido todo esto?
—Según me contó Benwell,tras el ataque habló con el doctor y éste le advirtió que Karl no sobreviviría más de un par de semanas, con suerte, meses.
—Pero si apenas me dejaba estar con los niños, le molestaban enormemente.
—Benwell es un hombre complicado —rió Gabriel para sí— pero tiene buen corazón. Su idea era quedarse a los niños y pedirme la jubilación para poder atender de ellos, pero cuando vio lo apegada que estás a ellos, pensó que tu serías mejor madre y me expuso los hechos.
—¿Y ahora? ¿cree que los abuelos firmarán?
—Le he dado autorización para que les pague la indemnización que estimen necesaria. Te… ¿te parece bien? —preguntó dudoso Gabriel
—oh, Gabriel, ¡Me parece fantástico! ¡Maravilloso!

Evelyn avanzó por encima del tablero de ajedrez y besó a su marido ávidamente presa de un mar de lágrimas y sonrisas felices.

—Me alegro que esto te haga feliz, Evelyn, haría cualquier cosa por verte feliz.
—Lo soy, Gabriel —respondió acariciando la quemadura de su marido— sólo el pensar en que se tuviesen que marchar me torturaba, me siendo muy responsable de su bienestar y… jamás creí que Benwell participase voluntariamente en un intento por dejarlos a nuestro lado.
—No tengas mal concepto del pobre, es demasiado mayor y lleva demasiados años soportando mi mal genio, pero ese hombre ha estado toda su vida al servicio de los Condes de Baley.

Evelyn se acunó sobre el regazo de Gabriel con una sonrisa de satisfacción al pensar en el futuro que tendrían los pequeños a su lado.

Epílogo

Evie correteaba feliz por los jardines seguida de su hermano Paul bajo la atenta mirada de Evelyn y Gabriel.

—Es increíble toda la energía que tienen —rió Gabriel mientras disfrutaba de su té.
—y hoy deberían estar más cansados porque Benwell les dio su primera clase de equitación.
—¿no crees que Paul es un poco pequeño todavía?
—Tiene tres años y te has gastado una cantidad desorbitada en comprar dos ponis que apenas levantan un par de palmos del suelo —afirmó con una sonrisa Evelyn.

Pasearon la mirada por los juegos de los hermanos con satisfacción y orgullo paterno.

—¿Crees que será pronto para contratar una institutriz?— preguntó Evelyn.
—Yo no tuve la primera hasta los cinco años—afirmó Gabriel— y mi hermano tenía seis. Pero si crees que no puedes formarles tu, puedo pedir recomendaciones y entrevistar candidatas.
—Habría que hacerlo porque conforme vayan pasando los meses imagino que estaré más cansada y ocupada.—dijo mientras se llevaba la taza de té a los labios con una sonrisa solapada.
—Ahora que viene el invierno estarán más nerviosos porque no podrán salir a gastar energías y jugar —confirmó Gabriel
—No, creo que no lo has entendido —sonrió Evelyn abiertamente— estaré mucho más cansada y ocupada.

Gabriel parpadeó unos instantes mientas analizaba la sonrisa abierta de su mujer.

—¿Es que… estás?
—Estoy —confirmó ella con los ojos brillantes
—Pero…
—De poco tiempo, pero estoy segura —afirmó— Espero que esto no cambie nada.
—Sólo el hecho de que hoy te quiera todavía más de lo que ya lo hacía —respondió él besándola con cariño.

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