Costureando unas compresas de tela

Hay un hecho que, por lo general, es intrínseco a ser mujer y ese hecho es la menstruación.

Algunas son temidas, otras son imperceptibles, dolorosas, abundantes, tres días, cinco días… cada menstruación es tan diferente como cada mujer que la sufre.

En mi caso, el problema de la menstruación se agravaba al no poder encontrar unas compresas que no me causasen alergias en la piel. A continuación, os cuento mi experiencia.

Hace como unos 17 años o algo así, me vino mi primera menstruación. A ver, no os voy a contar mis experiencias con reglas abundantes, dolorosas y que llegan a durar hasta 3 semanas, porque eso es algo de lo que no tengo el conocimiento médico suficiente para dar una solución y tampoco es que vaya a aportaros como lectores nada interesante.

La cuestión es que, al margen de lo que los ginecólogos pudiesen o no pudiesen darme para solventar mis pesadillas menstruales, mi mayor terror era siempre la parte “sencilla” es decir, las compresas higiénicas.

Cualquier mujer de mediana edad a estas alturas de la vida lo tiene tan sencillo como bajar a la tienda y comprarse unas compresas o unos tampones de mayor o menor absorbencia por un precio más que razonable y punto.

Pero, mi enfermedad tiene, entre sus múltiples “¿virtudes?” cosas como hacerme bastante especialita y pejigera con algunos componentes o productos durante el proceso de fabricación cosas tan normales como algunos detergentes, productos de limpieza, colonias o cremas  me resultan imposibles de usar,  “Pero, mujer, algún componente concreto  será el que te haga daño, lee la composición y evítalo” os diréis vosotros. y, sí, yo también lo intenté durante casi 16 años en los que probé cada marca de compresas que pude encontrar, buscando composiciones (por cierto os habéis dado cuenta que en las compresas no suelen venir las composiciones), he intentando contactar con las empresas para que me diesen información sobre los productos usados en el proceso de fabricación o durante su higienización o empaquetado para poder hallar ese “misterioso” componente que en algunas compresas me causaba reacción, pero no en todas.

Siempre sin éxito (y la mayor parte de las veces sin respuesta por parte de las compañías) y sucedió que el tiempo fue pasando y, para mi sorpresa, lo que antes me sucedía solo con algunas marcas, cada vez me sucedía con más y cada vez era más complicado hallar un producto adecuado para mí .

Hace casi cuatro años, llegué  a la situación de que solamente podía usar compresas hipoalergénicas de farmacia unas que, por cierto, parecen pañales de la bisabuela, absorben más bien poco y, para más inri, cuestan casi cinco veces más que las comerciales.

Y claro… cuestan cinco veces más, tengo que usar el doble o el triple y, por si fuese poco, con reglas de 2 o 3 semanas muy abundantes  cada mes o mes y medio… mi marido y yo casi nos veíamos pidiendo un crédito para afrontar mis ciclos.

Y en medio de esta vorágine loca creo que alguien estará pensando en que 15-16 años con este problema me tendrían que haber dado alguna alternativa útil y económica para mi situación, al fin y al cabo la menstruación es algo que nos sucede a las mujeres desde el principio de los tiempos.

Pero creedme, salvo ponerme una toalla “dobladica” como hacía mi abuela, cosa que por cierto para ir a trabajar no es nada cómoda, a nadie se le ocurrió nunca, jamás hablarme de las compresas de tela.

Cuando llegué a Valencia y comencé mi peregrinaje por ginecólogos y servicios de reproducción asistida (sí, casi llegamos a la conclusión que compensaba tener hijos para no pedir créditos para comprar las compresas) comenté mi curioso problema, (sorprendentemente más común de lo que creía).  Fue entonces cuando una ginecóloga me habló por primera vez de la alternativa “sostenible” de las compresas deshechables, las famosas compresas de tela.

Esta ginecóloga, me habló de algunas personas que, más por conciencia ecológica que por problemas médicos, usaban alternativas sostenibles. En esta caso, unas compresas de tela normalmente de procedencia ecológica y sostenible que se podían lavar. Quizás, si podía adquirir alguna, podría probar, ya que, la ropa, por lo general, no me causa alergia sobre todo si ésta es de algodón.

Allá que buceé entonces por miles de sitios de internet encontrando todo tipo de páginas y foros naturistas que hablaban del tema más que nada de la inviabilidad ecológica de las compresas higiénicas deshechables, ya que normalmente, como los pañales, no suelen ser biodegradables por lo que constituyen un potencial problema de contaminación.

Como esto no es algo que una mujer puede elegir tener o no , barajaban varias soluciones, principalmente contaban las bondades de la “copa menstrual” o de su alternativa, las compresas de tela. Estas últimas, por cierto, bastante complicadas de encontrar y caras en comparación con la dichosa copa (que yo no puedo usar).

Mi capacidad económica tampoco está como para fundirme  media pensión en un juego de compresas para que luego no me sirviesen así que  con la idea solamente de probar si realmente las compresas de tela podían representar una solución me decidí a hacerme unas yo misma.

A ver, no podía ser tan difícil, al fin y al cabo, si ya me he metido a coser fundas de sofá sin tener idea, tampoco podía ser tan difícil hacer una compresa.

Y realmente no lo es en absoluto, la cuestión es encontrar los materiales adecuados sin que se te vaya la cabeza en el intento porque existen opiniones y gustos  diversos acerca de las telas, grosores y calidades que se deben usar.

Las compresas de tela que venden en las tiendas especializadas es cierto que están confeccionadas con telas magníficas de algodón biológico, tela de bambú u otros materiales 100% orgánicos y totalmente hipoalergénicos. Así como las telas impermeables, que son de un tejido especial transpirable y ecológico.

Hablamos de telas impermeables naturales que cuestan realmente cada céntimo que piden por ellas, no lo niego y, probablemente yo acabe adquiriendo alguna en un futuro.

Pero yo, que soy un poco señora Roñeras, todo hay que decirlo. Hice mis números y me convencí de que con los restos de la funda plastificada del colchón de la cama, podía apañar para una prueba. Cogí unas telas de algodón 100% que tenía por casa y me puse manos a la obra con materiales low cost.

De ese modo, en vez de gastarme 200€ en seis compresas de 1ª me gasté unos 50€ en una docena de compresas(que en mi opinión son igualmente válidas) con materiales de andar por casa.

Fotos movil Eva julio2016 794

Mis primeras compresas caseras con una sabana de franela y un retal de coralina e interior doble de toalla y  muletón, una docena por bastante menos de 50€

El proceso es muy sencillo, os hace falta tela plastificada impermeable, ojo, debe ser transpirable o sino se os recocerá la zona con el sudor. En una gran superficie se puede encontrar fácilmente estas fundas para camas de 90 cm (que os da para tres o cuatro docenas de compresas, dependiendo el tamaño y la forma que querais) Todo por menos de 10€ (y aquí entra la calidad, a mayor, más precio) también se puede adquirir estas telas por metro en vuestra mercería habitual, pero seguramente haya que encargarla y os salga un poco más cara, Pero vamos, que aquí cada uno se organiza como quiera.

Luego os hace falta una tela interior absorbente, yo ahí usé toallas viejas de baño, son de algodón y muy absorbentes. Lo que funciona mejor son telas de rizo tipo toalla, minky, coralina. En una tienda de telas por metro no os va a costar mucho más de 7 u 8€ el metro y creedme, un metro os sobrará para hacer compresas hasta el aburrimiento.

Según vuestra menstruación sea más o menos fuerte o la necesidad de cambio más o menos alta (yo las de noche las uso gruesas) hay que calibrar el grosor de la misma. Creedme, una o dos capas, dependiendo del material de absorción son más que suficientes para compresas  muy absorbentes.

Según la guía que yo usé, para hacerlas extrabsorventes, había que colocar una capa intermedia de muletón entre la tela plastificada y la toalla absorbente previa, o bien dos capas de muletón tras de tela de gasa o muselina.

El muletón es una tela pesada y  que se empapa, es decir que el líquido lo retiene dentro por lo que evita fugas de la compresa pero no puede  ir en el exterior porque con el movimiento se desbordaría. Así que para menstruaciones abundantes es lo más indicado.

Salvo que sea un muletón fino o tengas una regla desproporcionada (vamos, que alimentas un nido de vampiros hambrientos en un dia) , no hace falta poner mas de una capa porque realmente estás engrosando innecesariamente y llega un punto que, por mucha capacidad de retención que tengas luego tienes que cambiarte por higiene y las compresas deben lavarse y secarse para no tener mal olor.

El truco es el equilibrio entre las telas absorbentes y el grosor, si es muy grueso, absorbe mucho, pero al lavar tardará más en secar y viceversa. Eso incidirá directamente en las veces que tengas que cambiarte. Tranquilamente puedes hacer una compresa gruesa que te aguante 8 horas (sí, e incluso más) pero debes ser consciente de que su lavado será más laborioso (probablemente debas lavarlo a mano antes de meterlo en la lavadora) y su tiempo de secado más largo. (por lo que si las necesitas regularmente para ir al trabajo, por ejemplo, deberás hacer más cantidad)

Yo puse una única capa de muletón (era de grosor medio)  con la primera remesa de compresas, pero luego me di cuenta que si la tela de toalla tiene buena absorción, realmente no me hace falta dar tanto absorción.  Por lo general me cambio cada 4-6 h y luego para las de noche me duran de 8 a 10 h. Tengo un par que apenas uso que creo incluso que podrían aguantar más porque me las cambio por higiene sin que estén demasiado sucias.

Bien  Pues nada, con esas capas interiores tenemos montada la base de la compresa. Nos faltan dos telas exteriores o incluso puede ser una sola para ambas caras.

Para la parte que va contra la braguita yo opto en todo caso por un retal de tela de algodón que no deslice con la fricción, tipo pana, franela o loneta áspera, el objetivo es que no se deslice por la tela de la bragita (uso algodón, como es logico), ya que estas compresas no tienen el pegamento para mantenerlas quietas y, aunque le pones el corchetito para ajustarlas, un extra no viene mal.

Luego, la parte delicada, la que está en contacto con nosotras y que debe absorber la menstruación. Aquí hay gustos para todas. Probé varias telas y muchas de ellas me dieron buen resultado, otras… igual no tanto.

La franela, sin duda me gustó su absorción rápida y su suavidad (amén de ser económica, claro), aunque su principal problema es que es bastante difícil de lavar. En mi caso, aprovechando unas sábanas de franela rotas que tenía, eran bastante claras y… bueno, me toca frotar bastante cuando se reseca el tema así que os recomiendo un color oscuro si se os presenta el dilema.

Luego probé también con pana y micropana,  ambos similares aunque me decanto por la micropana es sorpendentemente absorvente y no da sensación de empapada salvo si “se carga” mucho. De hecho es que muchas veces me olvido de llevarla puesta porque no la noto.  Se lava francamente bien, seca relativamente bien, no suele permear hacia arriba (insisto, salvo si “lo cargamos”) y se comporta en el lavado a mano, lavadora, secado al sol, sombra…  es una “todoterreno”

También probé hace poco una tela llamada antelina, me fue un poco difícil e encontrar (os he dejado el enlace en la palabra a la tienda que me la vendió super económica), pero había chateado con una muchacha mexicana que me la recomendó encarecidamente y hasta ahora creo que da muy buen resultado. Esta tela no empapa como la micropana o franela, lo único que hace es filtrar la menstruación hacia abajo e impide que rebose hacia arriba. Lo hace sorprendentemente rápido y dejando sensación seca en el tejido. Además, se lava todavía mejor que la micropana, incluso lavando a mano es una verdadera maravilla lo bien que sale todo su pega es que como no empapa como las otras, reduce ligeramente la absorción con respecto a las otras, aunque como es fina, siempre se puede optar por añadir una capa absorvente interior.

Y bueno, he probado otras opciones para el exterior como tela de toalla, minky y coralina, las dos primeras absorben mucho, pero hacen la compresa bastante gruesa así que no compensan demasiado salvo que, como mencioné antes, puedas alimentar comunidades vampíricas. Yo las he relegado solamente para los días fuertes, aunque reconozco que ya casi no las uso porque con las otras me apaño bien.

Cuando se montan las compresas hay que asegurarse de prensar bien las capas (sobre todo si se mete el muletón por el medio. Eso hace que absorban mejor. No quedan muy gruesas, de hecho quedan más finas que las hipoalergénicas que me compraba en la farmacia.

También hay que tener en cuenta el orden de las capas ya que se montan y se voltean por una esquina así que ojo con dejar la tela plastificada impermeable en el lado correcto (hacia la bragita).

Y por último, y lógico, intentar evitar en la medida de lo posible los alfileres, si puedes usa pinzas de tela o de la ropa para montar y coser. Usa costura en zigzag (En las alas da igual porque no filtrará) y procura rematar bien el hueco donde has volteado para no sufrir “fugas” por ahí.

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Una versión más avanzada de las compresas, más finas, con otros materiales

Y bueno, qué  voy a decir, a parte de que es evidente que estoy encantada con el resultado, de hecho, es que estoy tan encantada con las que yo misma hice que acabé por no comprar las otras supuestamente mejores.  Ya llevo más de dos años con este remedio y me resulta la mejor solución posible para mis circunstancias y no puedo sino recomendar a todo el mundo que haga un intento.

Cuando tengo un retacito de tela sobrante que veo que puede valer, me hago una compresita de estas. Tengo ya una caja llena y son todoterreno.

Con respecto al cuidado… yo realmente no necesito ponerlas nunca a remojo porque las lavo inmediatamente tras cambiarme así evito que se resequen.  Pero también yo tengo mis manías. Procuro ir usando todas y cuando se me va la menstruación pongo una lavadora con agua caliente para higienizarlas (por manía, como ya he dicho).  Procuro evitar el suavizante porque aunque quedan más agradables, noto que pierden algo de absorción y, usando un buen detergente de la ropa o, como en mi caso, lavándolas con jabón hipoalergénico tipo lagarto, no creo que tengáis problemas.

La única pega real que le veo es el tener que lavar las compresas, que es cierto que te puede dar cierto repelús pero… tampoco considero que sea algo malo. Sí, quizás si trabajas y no te gusta llevar una compresa más gruesa, tienes que cambiarte en un baño público es un lío porque debes llevar una bolsita higiénica impermeable en el bolso para poder traerla a casa o, dios no lo quiera, lavarlas en el baño público con el riesgo de que te miren como una asesina en serie.

Pero sinceramente, me da bastante igual que piensen que soy una asesina si con ello he solucionado mi problema (además, así la gente mantiene las distancias y no molesta)

En serio, os invito a probar esta alternativa para vuestras menstruaciones, estas compresas son más económicas y más ecológicas que las desechables (que no son biodegradables, por cierto)

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