Parte 5- La propuesta

El Conde se acercó a la pequeña mesa que servía de escritorio y comenzó a escribir su nombre al pie de los bandos de la subasta bajo la mirada de un funcionario.

—Todo esto es culpa suya—masculló el conde hacia Fendell
—No se crea que ha salido victorioso, Señor conde, todavía le queda casarse con ella para llevársela. ¿o cree que le voy a dejar que se la lleve tan fácilmente? Yo sólo he luchado por mis intereses.
—¿Y los intereses de su hija? De verdad que no hace falta que me cuente todas esas historias. Si hubiese cancelado todo este bochornoso espectáculo, tal y como le pedí, le hubiese ahorrado la vergüenza a su hija y le habría dado todo cuanto me pidiese por dejarla ir.
—¿Dejarla ir después de todo? No, señor, no, si la quiere, deberá casarse y pagar por ella. y cuando la abandone, porque acabará haciéndolo, ella volverá a mí y tendré que arreglar su estropicio.
—Usted no merece ni la mitad de estas sucias monedas—dijo mientas dejaba caer las pesadas monedas de oro ante él con desprecio.
—Si la dejase ir sin más, me habría dado poco más que migajas Si considera que lo que va a pagar por ella es tan poco que la va a ofender, no seré yo quien rechace la cantidad que estime más adecuada por ella—Sonrió con codiciosa malicia.—Al fin y al cabo, seremos familia.
—Usted y yo seremos muchas cosas, pero por mucho que me case con su hija, jamás seremos familia.
—Déjeme que le de un consejo de hombre a hombre, señor conde. No se crea que esta chiquilla es como las mujeres de la alta sociedad a las que está acostumbrado. Sus maniobras y buenas palabras para ganarse el favor de mi hija son claramente inútiles. Es como cualquier mujer, le abandonará en cuanto pueda hacerlo. Si nunca ha tenido la voluntad de desposarse con jóvenes de su edad ¿Qué le hace pensar que se entregará a usted solamente con palabras amables y cortesía?

Antes de que nadie, y menos Evelyn, pudiera preverlo, Fendell le asestó una sonora bofetada a su hija cayendo ésta al suelo.

—¿Por qué lo ha hecho?—rugió el conde interponiéndose entre ambos
—Si no la alecciona correctamente con mano dura jamás acudirá de buen grado a cumplir sus deberes como esposa.

El conde respondió asestando un fuerte puñetazo en el vientre de Fendell.

—Ya he firmado los documentos de la subasta y le he pagado. En lo que a mí respecta, ella ya está bajo mi entera protección, no voy a permitir que la vuelva a pegar o insultar—le espetó el conde con una mirada fría—Ahora ella es mía, y nadie salvo yo puede maltratar nada de mi propiedad. A partir de ahora es mi prometida, deberá tratarla como tal.

Ante semejante declaración, el viejo no pareció encontrar argumento con el que replicar al conde así que recogió las monedas sobre la mesa y luego de guardárselas en el bolsillo, expresó con tono despectivo:

—Es cierto, ahora es su problema. Pero procure llevársela bien lejos y encerrarla en el castillo con una buena cadena para que no se le escape. Sus buenas palabras no la retendrán mucho tiempo.
—Señor Fendell—rugió el Conde con una mirada de advertencia para silenciarle—Si lo desea, mi señora, podemos ir a su casa y recoger sus pertenencias antes de partir a Baley.
—Nada de lo que hay allí le pertenece—siseó el viejo con cara de pocos amigos—le prohibo entrar en mi hogar o llevarse mis propiedades.
—No hay nada en aquella casa que desee recoger—replicó dolida Evelyn hacia el conde—Tal y como indica mi querido padre, nada en aquella casa me pertenece y no deseo ningún objeto que me pueda hacer recordar mi vida aquí.
—Como desee—dijo el conde complaciente—enviaré a Benwell a comprarle un vestido más apropiado para el viaje, si me acompaña me gustaría que se tomase una copa de coñac para recobrar el aliento.
—Gracias—sonrió ella levemente mientras un escalofrío recorría su espalda.
—Si me permite la capa de la señorita.—sentenció con desprecio el Conde

Fendell pateó con odio la capa de Evelyn hasta llenarla de barro, la escupió y se bajó de un salto de la plataforma para alejarse cobardemente bajo la mirada de la pareja.

—Da igual—sonrió ella mientas se giraba para alcanzarla.
—No—la detuvo.— Permítame.

El conde se quitó su larga y gruesa capa negra y luego cubrió atentamente los hombros de Evelyn asegurándose de cerrarla bien.

—Sentí tener que someterla a la subasta durante tanto tiempo, espero que no fuese una tortura excesiva.
—Realmente creí que no iba a pujar por mí—admitió ella
—En cuanto me hizo saber su respuesta, desde luego que sí iba a hacerlo, pero deseaba darle un buen escarmiento a su padre y que no percibiese de usted ni un centavo más del necesario. Espero que no se sienta ofendida por la ridícula cantidad que he ofrecido para finalizar la contienda.
—En absoluto, ha pagado por mí mucho más de lo adecuado.

Evelyn se sentó en la silla que le ofrecía el Conde. Sentía su atenta mirada y un profundo desasosiego ante la nueva situación. Tan pronto como le sirvieron la copa de coñac la bebió de un solo trago ante la mirada de sorpresa del cantinero y del conde, que hizo otra señal para que le sirviesen una segunda copa de coñac.

—Esta copa debería beberla con más sosiego—sonrió él amablemente deteniendo la mano de ella a medio camino.
—Discúlpeme—se sonrojó Evelyn
—Comprendo su situación, pero lo digo por su bien, nos queda mucho viaje para volver a Baley y no es recomendable que se emborrache usted—dijo el conde
—Oh, sí, por supuesto. ¿está muy lejos Baley?
—¿Importa eso?
—Cuanto más lejos mejor—dijo bebiendo con más decoro parte de la nueva copa.

Evelyn no se atrevía a mirar al conde a la cara, sentía ya el calor que el coñac ejercía sobre ella y una especie de trémula confianza parecía establecerse en ella. Apretó fuertemente los labios para luego afrontar al conde con cierta valentía.

—Bueno… ¿cuáles son esas condiciones que he aceptado a cambio de su generosa puja?

El conde la miró con sus fríos e intensos ojos verdes antes de comenzar a hablar.

—Señorita Cartland, no sé cómo comenzar a exponer esta situación.—dijo mientras depositaba en las manos de Evelyn el viejo collar de perlas falso que ella le había enviado en el joyero.
—¡oh, dios mío!—exclamó Evelyn—¿Le envía él?¿qué ha pasado?¿por qué ha tardado tanto en aparecer?
—No se alarme, Evelyn, sus mensajes no llegaban, hace tiempo que ya no trabajo en el periódico.
—¿Gabriel?

Evelyn escuadriñó a aquel hombre desfigurado y oculto bajo la máscara , ahora completamente desconocido para ella.

—No sabía que ahora eras conde, ni que… ¿Qué te ha pasado?
—Es algo bastante largo de contar y… lo cierto es que ahora no es un buen momento.
—Pensé que no habías recibido mis mensajes, pensé… que habías optado por no leer mis notas o por no socorrerme, como hicieron los demás.
—Aclárame una duda ¿por qué yo? ¿por qué pedirme socorro precisamente a mí?
—Yo… no sabía por dónde empezar, Gabriel, estaba desesperada.

Evelyn recordó el momento en el que Gabriel apareció en su vida. Ella era una muchacha solitaria que, tras la pérdida de su madre, se había refugiado en la lectura y ello le había llevado a descubrir un autor que acababa de empezar a trabajar en el periódico dominical publicando por fascículos sus relatos de terror. Totalmente prendada de aquel talento, cada semana, enviaba al periódico cartas y más cartas para exigir que el autor, Newton, regresase con sus relatos.
No tardó en recibir la primera respuesta agradecida y entusiasta del joven Gabriel y, como algo natural, entablaron una peculiar y profunda relación por correo. Relación que no tardó en convertirse en algo más profundo e intenso.

Confundida, Ella se acabó enamorando de aquel hombre que le escribía. Comenzó a perseguirle de manera totalmente torpe e inocente, pero casi obsesiva, como sólo una adolescente podría hacer. Él, a su vez, ignoraba caballerosamente sus insinuaciones como si ni tan siquiera reparase en ellas, manteniendo inquebrantable la estrecha amistad que durante tanto tiempo les había unido. El tiempo pasó y Evelyn, desesperada por la situación que vivía en casa con su padre y por el misterioso y repentino matrimonio de Gabriel con otra mujer, acabó por olvidar la decencia e insinuarle abiertamente su pretensión a ser su amante.
La siguiente misiva fue un contundente castigo por sus actos caprichosos e infantiles. Evelyn se disculpó en muchas ocasiones, pero él rompió toda relación, poco a poco dejó de responder y desapareció de su vida como la llama se va apagando en una vela consumida.

—¿Por qué ahora?—le preguntó Gabriel sacándola de sus recuerdos—Después de tantos años sin ningún contacto. Creí que había sido claro cuando te pedí que no contactases más conmigo.
—¿Qué podía perder ya? No me quedaba nadie a quien pudiese recurrir. Nadie quiere complicarse con mis problemas.

Gabriel secó con un suave pañuelo blanco las lágrimas de Evelyn.

—Yo ya no soy aquél hombre, Evelyn. Ya no soy un jovencito que escribe literatura dominical, va de fiesta en fiesta o se divierte intercambiando cartas con una muchachita impresionable.
—Lo sé, Gabriel, sólo puedo volver a disculparme. Creí que te amaba.
—Nos enviábamos cartas, hablábamos de libros… Por dios, Eras una niña ¿Cómo me podías amar? si ni me conocías en persona.
—Ya lo sé, cometí un grave error. Tienes mucha razón,si te soy sincera, estaba confusa, eras mayor, inteligente, me tratabas bien y yo era una adolescente solitaria y triste que quería salir de la situación en la que estaba. En aquél momento me daba igual todo, creí que me aceptarías de cualquier modo—asintió Evelyn con tristeza
—¿Cualquier modo?¡tengo como doce años más que tu! ¿cómo pudiste proponerme algo así? ¿tu entiendes el escándalo que hubiésemos formado?
—Cualquier cosa era mejor que lo que tenía entonces… de lo que tengo ahora.

Un silencio se acomodó entre ambos mientras buscaban las palabras para continuar.

—¿Qué haremos ahora?—afirmó Evelyn acabando la copa de licor.
—¿A qué te refieres?
—Le has dado mucho dinero a mi padre como dote.
—Dadas las circunstancias que nos han sobrevenido no veo otra solución más que el casarnos.
—¿y tu mujer?
—Soy viudo—Gabriel apretó los labios antes de continuar—Créeme que este no es el escenario que deseaba. Si hubiese conocido esta situación mucho antes, te hubiese procurado un matrimonio con alguien más adecuado. Alguien mas acorde a tu edad y con un carácter más adecuado. Al darme tan poco margen no me has dejado opción. Nunca te hubiese obligado a casarte con alguien como yo pero tu padre no me permitirá llevarte de aquí sin casarnos. Y si te llevo sin más, ambos podemos meternos en un grave aprieto, tu terminarías obligada a volver con él bajo quién sabe en qué precaria situación y yo podría arriesgarme a perder mi título.
—Comprendo.
—Eso nos vuelve a dejar en la misma situación. En estos momentos sólo podemos salir de esto casándonos, pero si lo hacemos debes conocer la situación. Soy conde, concretamente el último heredero varón del linaje de Baley y mi título representa no sólo ventajas, sino también numerosas obligaciones, entre ellas, tener un heredero que me suceda y que cuide de las tierras.

Ella asintió con la cabeza antes de que él continuase hablando.

—Evelyn, Seamos francos, soy totalmente consciente de mi aspecto deforme. Ninguna mujer se desposaría conmigo por voluntad propia, así que sólo me queda la opción de un matrimonio de conveniencia para cumplir mis obligaciones con el título. En esa misión llevo invertido el último año de mi vida, pero hasta la fecha, no he encontrado ninguna motra mujer que en plenas facultades acceda a negociar las condiciones de un contrato de esta índole Y, con sinceridad, si me caso contigo no creo que pueda logar una amante que voluntariamente tenga un bastardo conmigo para criarlo como heredero.
—Yo no estoy precisamente en una buena posición para negociar—afirmó ella—acabas de pujar para desposar mi mano y una vez nos casemos tendrás el poder para hacer lo que le plazca conmigo. En palabras de mi padre, podrás encadenarme.
—Comprendo que tu posición, lo tengo totalmente en cuenta y, de verdad, esta situación no la he provocado ni pretendo aprovecharme de ella. Intento solucionarlo de una manera aceptable para ambos. Eres una mujer completamente libre de tomar sus propias decisiones. No serías la primera que me rechaza. Otras, incluso, estando en una posición mucho más favorecedora me han rehuido. Pero, seamos sinceros ¿tenemos alguna otra opción mejor?
Evelyn le miró detenidamente, el Coñac la había calentado y había logrado que se sintiese más cómoda y suelta. Hacía demasiados años que se había olvidado de Gabriel. La carta había sido un grito desesperado hacia cualquier parte que le pudiese brindar una solución. Su mente trabajaba analizando las posibles salidas que tenía en aquel momento. Gabriel tenía razón, ella ya había intentado agotar la opción de escaparse para buscar un empleo digno, pero sin el consentimiento paterno, las debidas referencias y con la edad que tenía sin un marido, nadie le abría la puerta, ni tan siquiera los viejos conocidos de la familia.
Convertirse en una mujer de moral relajada significaría no solo la esclavización sino también una vida muy corta y llena de penurias. Él le ofrecía ser condesa, acceso a dinero y una vida acomodada. Todo ello, a cambio de un heredero. Un niño concebido y nacido dentro de un matrimonio ante dios y ante la ley.
Quizás era demasiado bueno para ser verdad, lo más probable es que se tratase de una trampa peor de la que estaba escapando. Al fin y al cabo, ya apenas reconocía al Gabriel que tenía ante ella, no se parecía ni lejanamente a la imagen del caballero ideal que ella había acariciado anhelante durante tanto tiempo antes de que él la ignorase.
Pero ¿qué otra opción decente le quedaba? Morir a golpes a manos de su padre. Ser vendida a algún prostíbulo para ser abusada y violada por decenas de hombres. O vivir bajo el dominio de un solo hombre, Gabriel, que en el peor de los casos sólo podría ser igual que su padre.

—Es cierto que no tenemos otra opción pero ¿qué podría negociar yo acerca del matrimonio? Una vez nos desposemos yo estaría totalmente ligada a tu voluntad. Pasaría de las manos de mi padre a las tuyas ¿realmente servirá que nos prometamos hoy algo?
—Servirá porque estoy dispuesto a escuchar todas tus condiciones, cualquiera que se te ocurra. Puedes establecer un número máximo de visitas conyugales hasta la concepción de nuestro hijo. Una vez cumplas con su parte, si deseas marcharte de Baley, no te lo impediré. Te daré acceso a todo cuanto mi dinero, posición y tierras puedan proporcionar bailes, ropas, clubs… Incluso, siempre que seas discreta, podrás disfrutar de la libertad de tener un amante, siempre que sea algo razonable y discreto.
—Lo ofreces todo. ¿qué exiges a cambio?
—¿Es que te parece poca exigencia tener que ser mi esposa? Y no sólo eso, también tendrás que ser la condesa de Baley. Deberás vivir allí de manera regular, atender las interminables audiencias de sus gentes, ocuparte de las tareas que se supone que debe hacer una condesa con sus tierras y sus gentes.

Ambos se quedaron en silencio mientras el cantinero rellenaba las copas de coñac y Evelyn meditaba la propuesta seriamente.

—Está bien—cedió al fin Evelyn—Haré cuanto esté en mi mano por darte un heredero, siempre que cumplas con tu palabra y aceptes mis peticiones.
—¿Y cuáles son?
—No quiero… ser forzada cada noche—pidió ella con un ligero temblor de la voz—No quiero que te abalances sobre mí sin previo aviso. No quiero ser un mero animal de cría.
—Te garantizo por mi honor que no soportarás mi presencia más de lo que estimes necesario y mis visitas conyugales serán siempre bajo previa invitación y consentimiento.
—Deseo ser tratada siempre con el respeto que merece una dama.
—Serás mi esposa, la condesa de Baley, Nuestros empleados te tratarán con el respeto que mereces y en cuanto a la sociedad, será complicado, pero me encargaré de limpiar y reparar tu honor en la medida que eso sea posible.
—No deseo tener especial contacto con eventos sociales. No me interesan las fiestas, los eventos de caridad ni los amantes. Deseo un hogar, una familia y una vida tranquila.
—Deberás vivir conmigo en Baley, como es lógico en la condesa. Una vez tengamos nuestro heredero podrás quedarte para ayudar a criarlo o dispondré de un hogar respetable en el que puedas retirarte a una vida tranquila. En cuanto a la familia… me temo que eso depende de la relación que tengamos como marido y mujer. Lo máximo que puedo ofrecer es participar libremente en la crianza de nuestro heredero y mi voluntad de mantener una relación cordial basada en el respeto y el cariño.
—Yo también deseo eso. Intentaré ser una buena esposa y una buena madre.
—¿Nada más?
—¡No volver a pisar este pueblo nunca más!
—Está bien, querida, podremos negociar más peticiones en el futuro. Partiremos en unos minutos, en cuanto el carruaje esté preparado. Baley se encuentra a tres días de aquí, ¿es suficiente distancia?—sonrió levemente al ella asentir—en cuanto a este lugar, mientras estés bajo mi cuidado no tendrás que pisarlo de nuevo nunca más.
—Gracias—sonrió levemente Evelyn mientas le daba la mano para sellar el acuerdo.
—No, gracias a ti, prometo que me esforzaré para que no nos arrepintamos de esta decisión—dijo el conde al tiempo que Benwell se acercaba a ellos con un vestido negro en las manos—Debes vestirte más apropiadamente, nuestro carruaje nos espera.

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