El calcetín rojo…

Hola a todos, os traigo el un ejercicio de prácticas narrativas.

En este caso se me solicitaba un texto entre 300  y  750 palabras que mantuviese la estructura de presentación-desarrollo/acción- desenlace.

La presentación debía comenzar con la frase “Se pasó una hora buscando el calcetín rojo.” En el texto tenía que contar quién y por qué. ¡Ah! y debía escribir dejándome llevar, así que lo hice en una sola sesión, por supuesto.

Espero que os guste, abajo estará habilitada la zona de comentarios para vuestros comentarios y críticas. 

Pulsa para leer a continuación.

La cita

Se pasó una hora buscando el calcetín rojo. Y es que Sonia era así, despistada, acelerada , caótica… hasta tal punto que podría perder la cabeza en múltiples sentidos si no la llevase unida al cuerpo. Podría perder incluso un buey en su minúsculo apartamento. Entrar en pánico durante la búsqueda, para luego encontrar algo que creía perdido y olvidarse de todo lo demás.

Llevaba toda la tarde preparándose para aquella cita, pero… en vez de encontrar el dichoso calcetín, había encontrado un pendiente que llevaba meses sin pareja, un libro de la biblioteca (le cobrarían recargo otra vez) y el cargador de su antiguo móvil (sí aquél que había tenido que bajar a la tienda a comprarse otro porque no lo encontraba).

El teléfono volvió a sonar ahogado.

— ¿Dónde demonios he puesto el móvil ahora?— Estalló al escucharlo tan apagado.

Olvidó el calcetín y comenzó a la pata coja la búsqueda del teléfono agonizante.

Diez minutos después de infructuosa búsqueda, alguien llamó a su puerta. Lo primero que hizo fue mirar el reloj y comprobar que no podía ser su cita, ya que faltaba más de media hora, además, aún no sabía en qué puerta vivía ella. Decidió no abrir pero, al cabo de unos minutos, su móvil volvió a sonar, seguido por una nueva insistencia en la puerta.

Al borde del llanto, sin peinar, a medio vestir y exasperada por no encontrar el teléfono móvil que no dejaba de sonar, abrió la puerta irritada y sin mirar siquiera. Se quedó petrificada al verle allí, móvil en mano. Perfectamente peinado, trajeado y con zapatos relucientes.

—¿Qué haces aquí?—Fue lo único que acertó a balbucear.
—Te estaba llamando—sonrió inocentemente señalando su móvil, que todavía daba tono.
—No lo encuentro…

Él sonrió y entró en la casa como si hubiese sido invitado. Se detuvo en la entrada en silencio y luego, descubrió el móvil de Sonia en la mesa cercana, bajo el bolso.

—Esto… no… ¿íbamos “sólo” a cenar?—preguntó intimidada por la formalidad de las ropas de él.
—Sí, claro.—sonrió él observando el caótico y minúsculo apartamento- Así que ésta es tu cueva… Es bonita
—Tendré que cambiarme.
—¿Por qué? Así estás bien.—Afirmó observando alrededor con curiosidad.

Sonia se miró a sí misma, pantalones vaqueros cortos desgastados, camiseta floja y sin planchar, sólo un calcetín puesto bajo su respectiva zapatilla de deporte. Se sintió muy poco a la altura de aquel imponente y trajeado hombre.

—¿Para qué hora has reservado?
—¿Reservado?, me invitabas a cenar en tu casa

Alejando la siguió al dormitorio mientras ella se iba quitando las prendas por el camino. Al llegar, se quedó estupefacta al ver que él había recogido y doblado cuidadosamente la ropa que había tirado de cualquier manera y procedía a hacerlo mismo con el montón de la silla sin ningún reparo.

—¿Cuándo te invité a cenar?
—Dijiste que hacías la mejor pizza de la ciudad, estaba implícito.
—Sé dónde se hacía la mejor pizza de la ciudad, ¡Yo no cocino!
—¡Bien! Entonces iremos allí ¿reservo mientras terminas?
—No puedes ir así vestido.
—¿por qué? ¿qué tiene de malo mi ropa?
—¡Aquello es un antro! ¡no se va a los antros con traje de marca!
—No será tan malo si tiene normas de etiqueta.

Sonia suspiró mientras volvía a ponerse rápidamente la misma ropa que se había quitado. Él parecía sumamente divertido con toda aquella situación mientras que ella rumiaba los miles y diferentes motivos por los que aquella relación terminaría mal.

Sólo les unía un enorme apetito sexual y una gran conexión en la cama. Más allá, ellos pertenecían a mundos diferentes, tenían personalidades diferentes… ¡Por dios! Él era un hombre de negocios de éxito que ganaba miles por mes, ella una simple traductora con un sueldo precario y dificultades para pagar sus tarjetas. Él era un hombre educado en los mejores colegios privados, que practicaba deportes y acudía a grandes fiestas benéficas y ella había estudiado en la pública, con un trabajo de media jornada para pagarse los estudios, su deporte preferido era el sofá y lo más parecido a una fiesta benéfica que había presenciado había sido una recaudación de fondos para una vecina con cáncer.

Él tenía cada segundo de su organizada vida planificado, Ella apenas podía recordar cuándo tomarse la anticonceptiva…

¿Anticonceptiva? ¿cuándo fue su último..? Pensó y calculó.

—¿Estás lista?—Preguntó él entregándole el calcetín rojo que le faltaba.
—Sí, esto… Alejando… ¿podemos parar en una farmacia antes?
—¿Te encuentras mal?

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Un comentario en “El calcetín rojo…

  1. davidrubios dijo:

    ¿Quién sabe? Los extremos se atraen… Estupendo relato. Lo que más me ha gustado es cómo has mostrado a ambos personajes, sus acciones, sus respuestas… Muy bien caracterizados. Saludos!

    Me gusta

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