La tirada del destino

Texto publicado originalmente en el Taller de escritura creativa nº 37 de Literautas, pulsa aquí para ver las bases del taller y los escritos de otros participantes.

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La puerta se abrió moviendo las llamas de las velas que rodeaban a Celeste. La gran figura se mostraba bestial y peligrosa. Sus pasos firmes y masculinos se detuvieron ante ella. Otro en su lugar tendría miedo, pero la bruja pareció ignorarlo mientras continuaba ojeando su tirada de cartas de tarot.

—¿Qué quieres?
—¿Acaso no te lo dicen tus cartas?
—Las cartas me dicen muchas cosas de mucha gente, sobre ti, más de lo que te gustaría.
—¿De ella también te dijeron muchas cosas?

La bruja continuó tirando en silencio.

—Mírame cuando te hablo.-Dijo golpeando la mesa violentamente.
—Tu no has venido a hablar ni yo estoy aquí para mirarte.
—He venido a que arregles lo que me has roto.
—No te he roto nada.
—¡Tu les uniste!
—El destino les unió, yo no tuve nada que ver
—¡Les hiciste un hechizo!
—No sé de dónde has sacado esa absurda idea.
—Sé que tu eres la artífice de todo esto…
—Los conjuros de amor no están en mi cuaderno de recetas ya deberías saberlo.
—Tu libretita de recetas no es la única ¿crees que no sé que puedes comprar otras recetas? ¿que existen otros libros más poderosos? ¿A quién acudiste?
—El amor y el destino no obedecen a la magia, te garantizo que no existe ninguna posibilidad de que interfiriese en esto.
—¡Me importa una mierda!
—Debo insistir, no soy responsable de lo que me acusas.
—Pues quiero que lo soluciones ahora.¡Me has arruinando la vida!¿es que no lo ves?
—No lo puedo solucionar, nadie en este mundo tiene ese poder.-Sonrió- Tampoco lo haría si pudiese, pero eso es otra historia.
—¡Joder!¡maldita hora que me casé con una bruja!Te lo advierto, deshaz todo esto ¡O te arrepentirás!.
—No.
—No te estoy dando a elegir.
—Pero esta vez elijo, y digo que no.
—Deja de actuar como una zorra y haz lo que te digo.
—Actúo como lo que se supone que soy.¿No era eso lo que me llamaste cuando me abandonaste por ella? O no… espera ¿Puta bruja? ¿perra mentirosa? ¿zorra aprovechada? No sé… siempre me confundieron tus términos amorosos.
El furioso hombre explotó volcando la mesa que les separaba y agarró a Celeste por el pecho del vestido. La elevó hasta su nivel como si de una pluma se tratase y luego, la zarandeó en el aire sin apenas esfuerzo.

—No me obligues a hacerte daño.
—¿Otra vez?- Preguntó sin aliento pero con una sonrisa mientras era sacudida- ¿cuántas veces más crees que podré aguantar?

El acceso de ira inundó al hombre que la arrojó violentamente sobre el escritorio que se situaba tras ellos. Algunas velas cayeron rodando por el suelo, otras se apagaron dejando la habitación sumida en una macabra y siniestra iluminación. Mientras, el atacante destrozaba a brutales golpes el débil cuerpo de Celeste como un animal rabioso.

No, no había sido ella la artífice de todo aquello. No podía interferir en la vida de los humanos en beneficio propio, era delito en el mundo de la brujería. Celeste ya había renunciado a sus poderes una vez por culpa de ese hombre, no iba a permitir que se los quitaran de nuevo.

Arrebujada sobre sí misma en el suelo y cubierta de sangre, observaba con extraño regocijo la imponente figura de su agresivo atacante, antaño marido y amante. Las llamas ardían en el cuarto no se acercaban ni lo más mínimo a las que su mirada transmitía al verle allí. Rabioso por haber perdido aquello que amaba, por haber sido abandonado, por sentir lo mismo que ella sintió cuando él se lo hizo a ella.

La sangre cayó de sus labios emborronando su sonrisa victoriosa mientras exhalaba su último aliento. Ni con toda la magia del mundo ella podría haber urdido una venganza mejor que la que el propio azaroso destino le había procurado a aquel maldito hombre…

Sí, sabía que él viviría muchos años más, pero en una cárcel por haberla matado. Viviría marcado de por vida por las caricias del fuego de aquella noche, rehuido por todos. Torturado por el abandono de su único amor verdadero.


—Dulce venganza…- Sonrió Celeste echando la última carta al tablero.
—Entonces… ¿mi hombre dejará a su esposa por mí? ¿ella se vengará?- Preguntó la mujer que se sentaba ante la mesa de tarot.
—Su tirada dice muchas cosas…- Respondió retirando las cartas hábilmente- Sólo puedo asegurarle que, haga lo que haga y tarde o temprano, todos pagamos las consecuencias de nuestros actos.

 

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